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Emilio Vera Da Souza

Luis Villalba encuentra una esquina

No recuerdo desde hace cuánto conozco a Luis Alfredo Villalba. Sí puedo asegurar que yo tenía pelos largos y barba oscura. Supongo que habrá sido cerca del año 1979 o podría ser 1980.

31/5/2017

Yo trabajaba en el querido Diario Mendoza iniciando mis experiencias en medios y Villalba ya era un experimentado en letras, poemas, artes, cine, amistades y complicidades. Las conversaciones con Luis no tenían final. Los temas eran tan variados como interesantes. Hablar de cine con él era una experiencia única y sobre libros, literatura, poesía y autores varios era como consultar al oráculo. Generoso con sus conocimientos e ingenioso en sus relatos. Como casi siempre, el mundo se divide entre los buenos contadores de historias, que son algunos pocos y el resto de los mortales, escuchadores atentos. Luis Villalba, uno de los mejores contadores de historias, orales o escritas.

Los poemas de Luis están en los libros: Justificación de la piedra,  A pesar de mí mismo, La muchacha del café, Hoteles baratos y Fotogramas. En sus versos habla de sus pasiones, de sus mujeres, de sus amores y de lo que se le ocurre cuando lo acosan las musas y le urgen las palabras. No es un clásico en el sentido extenso de la palabra. Es un contraclásico. Un anticlásico ya que no persigue la belleza estética. Sólo busca describir lo que pasa, lo que le pasa, lo que siente. Y lo hace naturalmente con palabras bellas aunque los versos sean duros. Luis es apasionado y eso le sale sin mucho esfuerzo. Casi que no lo puede evitar. 

Una de sus actividades artísticas más interesantes de este artista son sus producciones para niños. Recuerdo los suplementos de los domingos del diario Mendoza, realizados completamente por Villalba con ilustraciones de la bella y querida Mirtha Castillo.

Pero este tipo no se detiene. No se queda sólo con eso. Escribe guiones para cine, dirige películas: cortometrajes, largometrajes, experimentales y documentales.

La historieta, el teatro, las canciones folclóricas, el periodismo gráfico y radial son algunas de sus actividades, que ha cultivado con calidad y compromiso.

Luis también ha dado clases de materias vinculadas al cine, a la literatura y a las artes.  Nada lo detiene. Aunque algunos energúmenos lo han intentado. Su audacia también se ha visto puesta a prueba para saber esquivar los más oscuros mandaderos de la larga oscura noche de la historia reciente.

La revista de la cooperativa de arte Bitácora era dirigida por Luis, mientras el Negro Julio Castillo inauguraba muestras de arte en la sal La Reja, de calle Rivadavia, pegado al Gargantúa, acompañado por su amigo Natalio y por otros cómplices de lo mejor del arte local.

Luis Villalba nació en esta ciudad en 1939 y vivía en la calle Echeverría del Bombal, con su vieja en la mecedora, mientras tomábamos té por las tardes y vinos por las noches.

Otro oficio de Villalba, donde se destacó con un grupo de colaboradores inigualable, fue como director y guionista de la fiesta nacional de la Vendimia.

Por estos días Luis Alfredo Villalba presenta otra novela. Ya tiene una anterior llamada “Los cuerpos”.

Ahora llega una original historia de 125 páginas que no tiene desperdicio: El libro lleva por nombre “La esquina a mitad de cuadra” con una foto de tapa de su nieto Agustín y el diseño de Gachi Ruth Domínguez, que ha sabido interpretar la simpleza de las letras del autor.

En “La esquina a mitad de cuadra” el narrador es un periodista que investiga a un escritor uruguayo que se niega a recibir el premio Nobel de Literatura. Las peripecias y los personajes se suceden en un rompecabezas imposible. La novela traspasa la cordura establecida y apunta a una matriz liberadora, entre el humor negro y el absurdo.

Villalba “nunca termina de contar todo” por eso usa de todas las artes para expresar lo que tiene por decir. Nada lo detiene. Nunca se detiene. Siempre lleva un libro en el bolsillo. Y si no tiene uno, se pone a escribirlo para tenerlo.

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