Mendoza,

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Emilio Vera Da Souza

Hacen falta buenos contadores de historias

Cuando uno se reúne distendido, para gozar de una cena o disfrutar de algunos vinos y de charla amena entre personas con buena conversación, suelen aparecer planteos interesantes, juegos de palabras sin esperarse.

22/2/2017

Juegos de la imaginación. Ideas que por lo menos son simpáticas para compartir, o para llegar a alguna conclusión sobre algo cotidiano. Eso, que suele pasar en El Zócalo de la Cuarta, es para compartir con ustedes.

En una juntada nunca falta quien traiga alguna frase y plantee, a partir de eso, alguna anécdota y haga alusión a una historia, propia o ajena.

Entonces, podríamos decir que en las reuniones hay dos tipos de personas: las que cuentan bien las cosas y los otros. Pero para que esto ocurra, indudablemente, debe darse como condición que existan otras variables: los que sean buenos escuchadores y los otros.  Así, si logramos entonces buenos contadores de historias y buen público, nos encontramos con algo que suele ser escaso pero frecuente. Sorpresivo pero buscado. Extrañado pero querido: una noche divertida, memorable, digna para el recuerdo.

De eso se tratan las mejores noches en el Templo gastronómico de la Cuarta. Juntar a los asistentes entre los mejores ocurrentes o los más destacados “escuchadores”. La conjunción perfecta.  Algunos contadores de anécdotas o de historias suelen llamar la atención del público atento, con alguna frase en un volumen más fuerte que el resto, a fin de ser el centro de las miradas, y en ese momento dice, por ejemplo, una afirmación que siembra el suspenso que puede desencadenar la curiosidad en los presentes: “Dijo Coco Chanel: ‘Las mujeres necesitamos de la belleza para que los hombres nos amen y también de la estupidez para que podamos amar a los hombres”. Y allí se generan innumerables comentarios, afirmaciones, entredichos contradicciones. Algunos aplauden y otros salen a buscar sus abrigos para irse.

Luego de calmar un poco los ánimos, mientras se descorcha y se sirve otra botella de Cabernet Sauvignon, la conversación girará en torno de aseveraciones de disimulados machistas presentes tratando de desmentir parte del concepto y de fundamentos feministas, tratando de defender a la inventora del mejor estilo francés.

Así, se va buscando que surjan temas, razones y elaboraciones que inviten a la reflexión y la expresión de las ideas. Casi sobre cualquier cosa se puede hablar. El asunto, como dijimos, es tener la conjunción exacta en la reunión entre buenos “decidores” y buenos “escuchadores”.

Esto es difícil de lograr en la actualidad, ya que vivimos más virtuales que reales, y poco compartimos con amigos, clientes o conocidos. No tenemos tiempo como para sostener una afirmación, una idea y alguien con ganas de escucharnos o contradecirnos con fundamentos interesantes, o por lo menos novedosos. A veces una frase se dice en tono de chiste y así se intenta reflejar la realidad, pero casi nunca queremos ser los responsables de esa realidad, ni en chiste. Entonces pasa también que en las reuniones hay dos clases de contadores: los que se ponen como protagonistas y esos a los que aparentemente nunca les pasa nada, ya que todo lo que cuentan es en tercera persona. Entonces, por desconocimiento, por respeto, por miedo, o porque no queremos ligarnos un cachetazo al final de nuestro relato, no incluimos alusiones sobre temas que puede generar conflictos. La iglesia, el aborto no punible, sobre el derecho a decidir sobre la forma de morir. Nada de la ley de matrimonio en igualdad. Ni por broma algo sobre maricones, tortas, travestis y trolos. Por las dudas no incluir referencias a diarios nacionales o clarines, nada de globos amarillos o del viejo y querido “Página 12”. Por las dudas no incorporamos el tema del aumento de tarifas. Ni la eliminación de retenciones.  Nada de correos, papeles de Panamá, empresas de familia. Para no ofender a nadie no hablaremos de minería aunque no contamine. Ni por asomo hablar de precios, cuotas con interés, viajes de compras al exterior y de los dineros que poco alcanzan.

Si hay personas mayores o en edad de merecer... alguna jubilación, ni se le ocurra plantear porcentajes, aumentos o pago de ganancias. Los temas entonces, deben ser así, como descremados, light, livianos. No sea que el compromiso de hacer una afirmación en defensa de sus ideas o sus más frecuentes pensamientos políticos le haga perder algún amigo. O invitado a la reunión.

Ya todos sabemos lo que nos cuesta juntarnos aunque sea una vez al mes. Entonces, para qué quedarse solo, si la noche está tan linda, la comida salió rica, los vinos son exquisitos y las personas buena compañía.

Anímese y cuente una buena historia.

O quédese callado y escuche atentamente. Pero haga el esfuerzo de juntarse. A lo mejor es más divertido que mirar todo el tiempo los amigos virtuales que nunca ha conocido.

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