Mendoza,

de
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Emilio Vera Da Souza

Los días que tenemos

Estos días son días importantes para todos. Los que han llegado hasta ahora tienen la suerte de vivir en una época en que la historia se escribe y hace como casi ningún otro tiempo.

Muchas veces cuando éramos niños pensábamos ¿en qué época te gustaría vivir?

Algunos elegían ser caballeros andantes, otros hombres de las cavernas y descubrir el fuego, varios elegían ser parte de la tripulación del Apolo 11 y llegar hasta la Luna.  Un grupito quería ver la experiencia de construir pirámides y la preferencia la ponían en Egipto de hace 5 mil años.

Yo cuando era niño elegía vivir en estos días… y puedo hacerlo. Deseo cumplido.

No sabía que estos días eran así.

Pero igual los quiero. Igual los prefiero.

He llegado mejor que algunos y peor que otros, pero llego.

También, debo decir, que imaginaba llegar con todo prolijo, con todo resuelto.

Y salvo por algunos pequeños detalles, la verdad es que lo conseguido hasta acá es bueno en general.

Pero yo pensaba llegar con todo en orden… en el estante de las biblias las biblias y en el lugar de los calefones, los calefones.

Pues me equivoqué. Está un poco desordenada la cosa. Biblias y calefones revueltos, mezclados, desordenados, maltrechos, rotos, descuajeringados, reventados, oxidados, descuadernados.  Así se llega hasta acá. Con el cambalache a pleno. Con las historias barajadas. Es una forma de llegar…

Debo decir además que me duelen estos días. No son días sin intensidad. Son días apasionados, días con cenizas que no se sabe de dónde llegan, días de elecciones, días de reflexiones, días para optar y días para adelante, ya que estos días serán los que configuren días venideros.  Pero yo quiero estos días…

Ya no soy joven, pero aunque parece un reproche que me hace algún miserable que intenta hacerme sentir mal (y que no hace falta nombrar) eso me permite mirar en perspectiva.

Y decir: Rechazo profundamente a quienes dicen “en mi época” refiriéndose a su juventud. Los rechazo y los desprecio por cobardes…

Tampoco me dan confianza los que dicen: “Yo quiero un futuro para mis nietos”. Yo prefiero un buen presente. Un presente concreto. Un presente que nos dure lo que sea, lo más posible.

Hay que animarse y convencerse de que ésta es nuestra época. Toda esta. Mientras estoy vivo es mi época y no sólo cuando iba al colegio secundario o cuando me recuerdo como joven, o cuando daba mis primeros besos y desvestía los primeros vestidos y descubría el amor y la belleza.

Esos son días imborrables, días de gloria, de tocar el cielo con las manos. Días de no dormir y no cansarse, días de noches y días de lunas. Intensos días…

Es más lindo y se ve mejor en las fotos el pelo largo y ser esbelto… pero así llegué hasta este momento y mi pelada me revela ser el que soy: un hombre que ha cabalgado el almanaque sin miedos ni titubeos pensando que los pasados no son los mejores días.  Estos son los mejores días.  Yo elijo que sean así.  Yo hago que sean así.

Las personas inteligentes se muestran con sus acciones.  No andan diciendo por allí “soy inteligente”. Hacen cosas inteligentes. Y me parecen inteligentes quienes viven con picardía.

Así cada uno de nosotros tiene su propio cielo o infierno particular… que no queda en ningún lugar pero es la vida que nos toca. Si uno es un estúpido que no puede aceptar las mejores cosas de la vida, ya vive en el infierno. Si uno se enfrenta a los más grandes enigmas y puede resolver algo y seguir avanzando, a lo mejor, ya ha llegado al paraíso.

Elijo entonces, si puedo elegir, vivir intensamente estos días. Con los ojos abiertos, observando cada detalle. Para no perderme la más mínima de las pequeñas cosas, para no dejar aplastarme por las gigantescas. Y a lo mejor ando con una sonrisa, pero no quiere decir que soy uno que se siente en la felicidad con chancletas.  Simplemente opto por dejar de lado algunos pesares.

Un día con sonrisas es un día en que no nos invadió completamente la tristeza.

Hoy nos tocan estos días.

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