Mendoza,

de
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Emilio Vera Da Souza

Qué es lo que quiero

El cambio de año nos lleva a pensar en finales y principios. En la posibilidad de que pensemos en que lo que queríamos y no pudimos o no supimos hacer.

Si el año fue generoso y nos regaló lo deseado fue un buen año. Si tuvimos alguna desgracia, es culpa del año. Terrible desgraciado. Nosotros inocentes. Para eso sirve cambiar de año.

También para hacer el balance de lo logrado, las metas alcanzadas y lo que nos faltó.

Una línea roja al final de la contabilidad que permite las sumas finales del cambio de calendario. 

Y en lo afectivo también funciona.

Buen año si tuvimos besos apasionados. Mal año si no nos quieren más.

Puestas las cosas más o menos así sencillamente: año bueno, año malo. 

Les propongo que cada uno haga su balance, su síntesis, su evaluación final y la guarde para saber si cerca del mes de marzo o abril del que viene, hemos armado algo diferente, algo distinto que valga la pena, algo novedoso, algo fuera de la rutina. Como para tener algo con qué comparar, como para hacerse cargo y no revolear las culpas y responsabilidades en el calendario.

Este año fue un año difícil para mí. En lo personal y en lo colectivo. Intenso. Algo triste por lo que me rodea. Algo tedioso. Pero intenso. Con posibilidades de mejorar en estos últimos días.

Conocí a muchas personas y con varias de ellas aún sigo teniendo una fluida relación. Perdí otras. Amigos que lamento pero no volverán. También descubrí a varios malandrines, estafadores, ladrones y traficantes de afecto... pero no voy a hablar de eso ahora, porque ni valen las palabras que gastaría en decir algo de esos cosos.

Para decir algunas cosas personales podría contarles que a pesar de todos mis intentos por mejorar sigo y seguiré siendo periodista.

Podría decir también que me gusta el vino, me gustan las mujeres, los besos franceses como los espumosos, la comida mediterránea, el aceite de oliva, andar en moto tranquilo y con amigos, y viajar por las rutas sin destino.

También puedo contarles que cocino para algunos amigos y personas que no me conocen pero se animan, en un extraño y misterioso restaurante.

Y puedo decir contundentemente que estoy tan en contra de la pena de muerte que inclusive estoy en contra de la muerte natural.

Mi deseo para este año es que podamos hacer juntos un año mejor.

Un año de hechos apasionados e intensos.

Que los afectos nos conmuevan.

Que las cosas tristes, propias y ajenas nos conduelan.

Que lo peor nos agarre bien parados para aprender de qué se trata. Que se nos escape el olvido. Y que los mejores besos sean para los mejores labios.

Y que nunca la policía nos pida documentos ni se meta en nuestras vidas.

Y que no me mande nadie, que ya está lleno de mandones de toda laya.

Quiero que los artistas sigan produciendo su arte y que lo conviden a manos llenas y que vivan de eso.

Quiero que termine el año con el contrato firmado con una editorial para editar un libro.

Quiero que los que me piden ayuda para conseguir trabajo, sea posible, y que no sufran lo que sufren los que andan sin destino.

Quiero poder dejar de lado las cosas que ya no me hacen falta y poder andar solamente con las que necesito o que me hacen falta.

Me gustaría poder compartir algo de lo conseguido en tantos años. Sencillamente, sin tantas artimañas ni burocracias para estar seguro. Compartir no debiera ser tan difícil.

Quiero que mis amigos me sigan invitando y que las más lindas piernas lleven minifaldas.

Y no llorar tanto como este año. Y reírme hasta que me duela la panza, que sería bastante si se pueden dar cuenta.

Quiero tantas cosas nuevas que no me alcanzan las palabras, pero por eso mismo, me podrían contar qué es lo que quiere cada uno de ustedes.

Quiero para mí y para nosotros un año que valga la pena ser vivido.

Eso quiero para mí. Para ustedes. Para nosotros.

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