Mendoza,

de
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Emilio Vera Da Souza

¿Para qué ser periodista?

Mi amigo, compañero y colega Miguel Rep, que puede leer el pensamiento de los bebés, afirma que la principal tarea de los periodistas es molestar.

7/12/2016

Ser la piedra en el zapato, mirar por el ojo de la cerradura, buscar donde nadie busca, decir lo que los poderosos quieren silenciar, revolver la basura, seguir la pista del dinero. Molestar es la tarea... y no está mal.

Salvo, imagino, para el molestado.

 Algunos recordarán al ex primer ministro británico John Major, cuando le preguntaron: ¿cómo sería un mundo feliz? El tipo contestó sin dudar ni pestañear: “Un mundo sin periodistas”.

Los periodistas, varones y mujeres, tienen extrañas costumbres: se meten adonde no los invitan, preguntan lo que incomoda, se fijan en detalles por demás indiscretos, observan lo que nadie quiere ver. Eso es lo que hacen o por lo menos, lo que debieran hacer.

El escritor G.K. Chesterton, que también era periodista, fue muy duro con los que participaban de este oficio: “Los periodistas son un océano de conocimiento, pero… de un centímetro de profundidad”.

Los periodistas debieran trabajar de espejo. Debieran ser el espejo plano que refleja sin deformaciones ni maquillaje a la sociedad en donde se desenvuelve.

Un periodista es la voz de las personas de su lugar de pertenencia, es el vehículo para que los demás se enteren. Los periodistas no son el cuarto poder. La mayoría son anónimos que casi no tienen poder ni en su casa. Lo que pasa es que muchos periodistas viven cerca del poder, y eso los hace desearlo, pero no es lo mismo que tenerlo.

La información no es un privilegio de los periodistas sino un derecho ciudadano.

El periodista no debería juzgar, para eso hay magistrados. El periodista no debería defender asuntos de empresa. Para eso están las oficinas de prensa y propaganda.

Los periodistas a veces se piensan jueces.

Los periodistas a veces se vuelven voceros de los dueños del poder.

De todos los oficios terrestres, el de periodista es el mejor, dijo Rodolfo Walsh. Y Gabriel García Márquez decía que es la mejor tarea del mundo.

Ser periodista no da impunidad. No nos hace diferentes. No nos libra de las multas de tránsito. No nos hace avanzar más rápido en la cola de los bancos.

Ser periodista no nos da más saberes que el resto de los mortales, ni nos hace más esbeltos o más peludos, o con los ojos más claros o menos panzones.

Ser periodista nos debiera poner más sensibles por las miserias que vemos a diario y acercarnos a los que nada tienen para intentar reflejar esa realidad para que la vean los que pueden influir en cambiarla y hacer que vivir valga la pena.

Un creyente colega,  Alberto “Perro” Atienza, decía una oración que era más o menos así, según lo recuerdo:

 “Dios nos salve a los periodistas, ya que los ingresos nunca nos alcanzan.

Dios nos salve de las aburridas conferencias de prensa.

Dios nos salve de los funcionarios prepotentes que piensan que la eventualidad de sus cargos es eterna.

Dios nos libre de los motines en la cárcel, de las poetisas jubiladas, de las acequias tapadas, de los contadores.

Dios salve a los periodistas jubilados del olvido.

Dios nos salve del ego de los colegas, de los miedos, de la mentira.

Dios nos salve de los ladrones de grabadores y cámaras fotográficas.

De las pilas que se agotan,  de los empresarios llorones,  de las crisis financieras, de los lentes que se rompen, de los aviones que se tambalean, de los ‘móviles de exteriores’.

Dios nos libre de los que circulan por el mundo diciendo que son periodistas.

Dios nos libre de los ‘cables de plancha’, de los ‘diarios mojados’,  de los ‘Radio Pekín’,  de los ‘murmullos’,  de las ‘tortitas robadas’,  de las ‘alpargatas rosadas’,  de los que ‘cortan y pegan’, y...

 que Dios nos conceda más de cien años de vida y la posibilidad de escribir un buen libro.

Amén.”

 

• Dedicado a los periodistas desaparecidos,

a los que ya no están,

a los que se enfermaron trabajando y

a los que andan por el mundo viejos,

solos o solas.

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