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Economía Vitivinicultura Viernes, 28 de Abril de 2017

Luego de una vendimia corta, llega la hora del “tomo y obligo”

La 2017 no llegó a 19 millones de quintales, pero habrá más vino. El desafío será, con la nueva añada adentro, cómo revertir 21 litros per cápita de consumo con precios altos

Por Miguel Angel Flores Isuani/  mfisuani70@gmail.com

Con alrededor de 19 millones de quintales de los cuales 60% se recolectaron en oasis mendocinos, la vendimia 2017 confirma su triste lugar en el ránking como una de las dos más pobres de la última década apenas superior a la anterior. Y con un contexto productivo en el que huelgan datos optimistas: de 890 establecimientos elaboradores inscriptos sólo procesaron materia prima 610, es decir que 3 de cada 10 optaron por no hacerlo.

Más allá de las críticas sobre la certeza de los datos, el dato nacional se ubica dentro de la estimación o pronóstico de cosecha ajustado por el INV, que  a fines de febrero había anticipado un rango de entre 18,8 y 20,7 millones de quintales. Pero Mendoza termina debajo: con alrededor de 11 millones cosechados, queda afuera de la franja de entre 12,7 y 14 millones de quintales previstos para la región.

Por otra parte, 7 de cada 10 bodegas sí estuvieron activas, pese a lo corto de la vendimia y a que no se vende más vino. Y a que esta vez el histórico acuerdo diversificador Mendoza- San Juan fijó una pauta del 14% de la producción para regular el mercado con acatamiento dispar: de los lagares salieron 10 millones de hectólitros de los cuales 23% en promedio fueron mosto, con la salvedad de que, como siempre en la historia del pacto, mientras Mendoza sub-cumplió (12,9%), la industria sanjuanina la superó con creces (43,4%).

Tal vez influyó el hecho de que, por segundo año consecutivo después de 5 de postergaciones, pinta un buen ciclo en cuanto a precios de vino para el productor primario pero nada fácil a la hora de hacer números para las bodegas fraccionadoras, luego de que las trasladistas hicieran su negocio en 2016 al punto de disparar la importación de volúmenes, a granel desde Chile e incluso España en envase multilaminado. “Si el industrial se queja es porque tal vez vaya a ganar menos, nunca porque tema perder”, reflexiona sin embargo un dirigente vitícola, como para pintar que nada es tan complicado y que todo es relativo en el mundo del vino.

Menos..¿es más?

Un dato es que la relación entre bodegas y plantas elaboradoras habilitadas y las que efectivamente elaboraron este año es casi idéntica a la de 2016, pero el universo es más chico. Durante la vendimia anterior, sobre 1290 fueron 864 los que procesaron uva sea con destino a mosto o para vinificar, de lo que se desprende que alrededor de 400 firmas salieron del circuito ésta temporada y las que se inclinaron por seguir en competencia con uno u otro producto fueron 30% menos que el año pasado.

A la hora del análisis, el presidente del INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura), Carlos Tizio, evitó detenerse en los números de la cosecha que termina y en las comparaciones con otras añadas. Ante la consulta de EE, sólo se limitó a una referencia cuantitativa al asegurar que “la calidad de las uvas ha sido muy buena. Y, a pesar de las inclemencias climáticas, la sanidad y la madurez resultaron excelentes”.

Lo cierto es que la vitivinicultura empieza a desandar el camino hacia la liberación del vino nuevo con cifras de ventas, tanto en el mercado interno como en exportaciones, que no son precisamente estimulantes y prometen agudizarse cuando la oferta crezca. El consumo per cápita de vino ya perforó los 21 litros por persona anuales, y aún así los valores en góndola se ajustaron casi al ritmo de la inflación.

La proyección, al momento del primer pronóstico realizado en diciembre, arrojaba 3,5 meses de existencias de vino tinto y 8,5 de blanco a la fecha de liberación. Al cierre de esta edición, la recolección transitaba los últimos días con una perspectiva de stocks en riesgo excedentario, que anticipa un año comercialmente desafiante.

En números, los casi 2,9 millones de hectólitros de vino de color como saldo previsto al 1 de junio llevarán el stock a 5 meses, aunque en el caso de los blancos el salto parece casi imperceptible (de 8,5 a 8,8 meses, producto de 1,5 millones de hectólitros).  Por tanto, el objetivo será reducir en al menos 1 mes la oferta para asegurar un mediano equilibrio y evitar sobresaltos (ver aparte “La disponibilidad de vino al 1 de junio”).

 

Promoción y cambios

Por lo pronto, la industria busca apoyo y hacer sinergia con otras actividades. Y en ese sentido, a fines de abril Coviar (Corporación Vitivinícola Argentina) puso en marcha un acuerdo de cooperación con el Instituto de la Carne Argentina y su par de la Yerba Mate para promover los tres grandes productos que identifican al país: la bebida nacional, la infusión más conocida y los mejores cortes de asado que tientan a turistas de todo el mundo.

En materia estratégica, llegó la hora de modificar la oferta de la mano de una nueva ola de reconversión varietal. Agroindustria asignó $24 millones a un fondo rotatorio para canalizar como créditos a tasa 0, con 2 años de gracia, destinados al recambio inicial de al menos 1.000 hectàreas de uva criolla en zona Este, y el objetivo final de llegar a 5.000 hacia 2019.

Algunas de las “recetas” a la mano para pilotear un año que será de “tomo y obligo”. Si es que el mercado así lo quiere.

 

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