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Deporte Jorge Sosa Jueves, 8 de Noviembre de 2018

La grieta

Escuchamos hablar diariamente de la grieta, y obviamente la ligamos a la política porque es dentro de ella donde estas manifestaciones tienen el escenario propicio.

Pero siempre hemos estados engrietados, es decir con un abismo que separa las partes y hace difícil cualquier acuerdo. Desde que el país se gestó apareció la grieta, entre saavedristas y morenistas, allá en aquellos tiempos de fundación.

Después las luchas intestinas que dejaron al país devastado. Entonces la grieta, de ambos lados, se vistió de celeste y rojo, unitarios y federales.
El peronismo y antiperonismo aportó lo suyo y se constituyó en un hecho común dentro de la realidad de un país que trataba de encontrarse.
En el deporte también se puso de manifiesto, me acuerdo de aquellas épicas jornadas del automovilismo donde los fanáticos se aliaban a Ford y Chevrolet, a los Gálvez y Emiliozzi por nombrar sólo a algunos de los engrietados.
Ahora se pone de manifiesto en el fútbol de una manera inédita. Sabemos que hay grietas en nuestro fúbol y que depende del fanatismo de ciertas hinchadas. Podemos encontrarla en Rosario entre Central y Ñuls, en Estudiantes de la Plata y Gimnasia de la misma ciudad, entre Belgrano y Talleres en Córdoba, en Independiente y Racing en Avellaneda, en Unión y Colón en Santa Fe.
Pero la grieta máxima en este aspecto se da entre Boca y River. Es ancestral y viene de los primeros tiempos de la creación de los equipos que descienden del mismo barrio.
Son irreconciliables, son los enemigos a vencer ante cualquier circunstancia que los enfrente. Pues ahora va a darse una circunstancia mayor, yo diría la mayor de todos: la final de la Copa Libertadores.
Ahí andan los simpatizantes de ambos equipos con la ansiedad encima esperando que los equipos entren a la cancha. Es un acontecimiento que no sólo involucra 180 minutos de fútbol sino todo lo que se viene después.
Porque el ganador habrá de gozar al perdedor de una manera inédita y el perdedor va a tener que bancarse por años las cargadas que hagan mención al enfrentamiento.
Así como los de Boca cargan a los millonarios por su descenso a la B toda vez que se enfrentan, el perdedor va a tener que aguantarse las cargadas que por mucho tiempo, tal vez para siempre, se deriven del resultado del Súper Súper Clásico.
Tan importante es que hasta el mismo presidente se metió con el asunto y salió a proponer que  los partidos se jueguen con público visitante. ¿Qué tiene que decir el presidente al respecto cuando la cuestión es meramente deportiva y no política? Por suerte no le dieron ni cinco de bolilla porque él puede mandar en la Casa Rosada pero no manda en la AFA de la calle Azopardo.
Se viene, estamos a pocos días. Van a tener que tomar precauciones para soportar emociones violentas, porque tanto un gol a favor como uno en contra pueden terminar requiriendo los oficios de algún cardiólogo.
Será un momento donde se detenga el país (¿No estaba detenido, ya?) y por casi cuatro horas todo dependa de lo que hagan 22 jugadores en un campo de juego.
Dicen, los que tratan de morigerar el tema, que en definitiva es un simple partido de fútbol. Pero se equivocan: es una muestra más de la grieta.

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