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Argentina Rodolfo Braceli Viernes, 8 de Febrero de 2019

Si La Negra viviera.

Lo que nos faltaba: recrudece el racismo y la xenofobia en la Argentina. ¿Será por culpa del "éxito" electoral de Bolsonaro en Brasil? No busquemos culpables afuera, miremos más acá de nuestras narices.

Viernes, 8 de Febrero de 2019
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Por Rodolfo Braceli (Desde Buenos Aires)

Ahí tenemos, por ejemplo, al senador Pichetto que ve peruanos y bolivianos y paraguayos comiéndonos el bienestar y la seguridad. Racismo y xenofobia son sentimientos primitivos que retroceden la condición humana.
Pregunta urgente: Si hoy viviese Mercedes Sosa, la Negra, ¿cómo la calificarían los Pichetto y los Bullrich? ¿Podría desplegar su reportorio en su amado Brasil? La Negra hoy padecería varias amonestaciones: sus guitarristas vienen siendo morochos, marrones, peor aún, uno de ellos era "peruano". Y los peruanos son inmediatamente sospechosos. Con un agravante: Mercedes carga un apodo insoportable: La Negra. Gardel, el "morocho del Abasto", no hubiera sido juzgado con dulzura. Así es: nuestra condición humana recula. Qué obscena vergüenza.
Amo las verdulerías. Cerca de donde vivo, en la Autónoma Capital, hay dos, una atendida por peruanos y la otra por bolivianos. Las dos se parecen, por el entusiasmo laboral y porque siempre tienen la radio fuerte. Ayer, en una de ellas escuché a La Negra: enarbolaba "Cuando tenga la tierra". Nada menos.
Dejé la verdulería motivado por la canción y por la mirada mojada del noble boliviano que me atendió. Estoicismo en esa mirada, siglos de ser saqueados, pero voluntad de vivir siempre. Me pregunté: ¿Qué opinaría la Negra sobre lo que pasa en esta Patria Grande tan socavada, tan amenazada? Recordé que "Cuando tenga la tierra" fue una de las últimas canciones que cantó antes de exiliarse, en los años cuando aquí se violaba la vida y se violaba la muerte, y se afanaban criaturas desde la placenta.
Dejé la verdulería, volví a mi casa y abrí la biografía que escribí sobre Mercedes en el 2003. Hace más de 15 años, en varios capítulos del libro, la Negra se anticipaba: pedía despenalizar el aborto y confesaba los suyos. No caben dudas: si viviese La Negra hoy estaría contra las Taser y flamearía su pañuelo verde. Mejor, escuchémosla:



- "Tengo que contarte mis años de exilio, Rodolfo, y siento algo en el estómago... ¡Maríaaa, hágame el té que usted sabe!... Voy a llorar, y puedo llegar a vomitar. Es insoportable estar lejos cuando la distancia es obligatoria. Años viví esa pesadilla y en algún lugar de mi cuerpo anida esa tremenda angustia. ay, mi estómago. sólo decir la palabra valija me produce nausea. A mí el exilio me agarró en pleno crecimiento artístico y en el peor momento de mi vida afectiva: Pocho, mi marido y manager, había muerto un año antes y yo no sabía qué hacer con el mundo y con mi soledad. Varios dijeron, ante mi éxito, que tuve un exilio de oro. Pero ¡qué pelotudos! No hay oro ni champagne que valga si uno está lejos de su gente. Imaginemos lo que fue el exilio de los que no tenían trabajo. Un poeta dijo que el exilio es el más perfecto de los crímenes perfectos.
"Mi pesadilla empezó en el 75. Estaba Isabelita Perón, gobernaba por ella el brujo López Rega. El terror de Estado crecía sembrado por la Triple A. Ellos ponían bombas, secuestraban, mataban. Todo comenzó con cartas. Una llegó al Teatro Estrellas, donde yo actuaría. Quedé helada: tenía 4 días de plazo ¡para irme del país!
 "Y empezó mi calvario y el de mi familia. No muy lejos de donde yo vivía los tipos de la Triple A mataban a Rodolfo Peña... Tenía que irme por comunista, por lo que cantaba, por lo que pensaba. Héctor Ricardo García dio la noticia en Crónica y la cosa tomó estado público.
"Por esos días los de la Marina cayeron en el teatro Estrellas, decían que venían a 'protegerme'. Los estoy escuchando: "Pero no, señora, matarla a usted sería como matar a Troilo" Y yo les dije: "Troilo está seguro porque ya murió." (.) Qué difícil contar lo tremendo que es salir a cantar con el miedo apretándome la garganta. Me acuerdo, hacía un frío terrible. El frío con miedo es otra cosa. Ahí lo supe.
"Los 4 días de plazo de la Triple A pasaron. Cada día amanecía con la sensación de que podía ser el último. Al año y veinte días de la muerte del Pocho acepté el exilio. Imposible trabajar. Fui detenida, ¡con todos los espectadores!, el 23 de octubre de 1978, en La Plata. Me fui a despedir de mi mamá. Me hizo empanadas y locro, pero esa comida tan rica me puso más triste. Sabía que durante años no volvería a comer en mi casa tucumana... Después, en Madrid, no terminaba de hacer pie.
"Dicen que yo tuve un exilio dorado, je... Hay exilios con y sin trabajo. Preferible mil veces trabajar. Pero no basta con el éxito ni con los elogios de los grandes diarios del mundo. El exilio siempre es una muerte. Y la muerte ¡es una mierda!. Ni caviar ni ovaciones paran esa hemorragia de cada día cuando estamos lejos. Lejos todo tiene gusto a nada. Sí, es una mierda vivir tan bien y pasarla tan mal.
 "A propósito de exilio dorado: a Yupanqui también lo jodían con estas cosas... '¿Cómo puede ser, don Ata, que usted cante Peoncito de estancia y viaje en avión?'
'Es que el último caballo que usé para cruzar el mar se me ahogó'...
 Posdata.  Aquella tarde completé el capítulo del exilio de Mercedes, le propuse:
-Negra, cerrá los ojos.
-Ja jaaa... ¿qué pretende, caballero?
-Por favor, cerrá los ojos.
-Bueno, los cierro. ¿Y ahora?
-Pensá dos, tres palabras que definan tu exilio.
-Me sobra con una... Valija... ¿Ya puedo abrir los ojos, Rodolfo?
-¿Qué pasa, Negra, si te digo que no?
-Pasa que estoy viendo una valija. y tengo muchas ganas de vomitar.
*  zbraceli@gmail.com   = =   www.rodolfobraceli.com.ar

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