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Argentina Rodolfo Braceli Viernes, 10 de Agosto de 2018

Parteras muuuy eternas

Nunca es tarde para aprender a contar. En otra columna palpité: “Después del 127 vendrá el 128”. Y así es: 1,2,3, 4, 5… y siguieron… 9,10, 11… y siguieron… 81, 82, 83… y siguieron, 102, 103, 104... y siguieron… 126, 127 y ahora ¡128 nacimientos!

Por Rodolfo Braceli - Desde Buenos Aires
Nuestras parteras de la memoria no dejan de parir. El 3 de agosto anunciaron ¡el Nieto 128! Había un cielo de plomo en la Capital Federal. En el aire, el desaliento y la contagiosa desesperanza. Por más que se la minimizaba, atravesaba la intemperie la noticia de esa explosión de gas que desfiguró una Escuela de Moreno, provincia de Buenos Aires. Eso pasó tras cinco reclamos ante las autoridades pertinentes. Murió un auxiliar de la escuela, Rubén Rodríguez. Tenía 45 años. Tenía. Y murió la vicedirectora, Sandra Calamano. Tenía 48 años. Tenía. Su cuerpo voló por sobre un muro y cayó en el patio de un vecino. Más de 400 niños iban a ingresar 20 minutos después de esa desidia colateral. Más allá de la “cantidad”, en esencia, esto es otro Cromañón.

Estábamos ante un episodio atravesado por el estupor, la indignación y la congoja, y de pronto nos estalló una granada de sol: las Madres Abuelas de Plaza de Mayo, las tan hostigadas “viejas locas”, anunciaron a esta patria y al mundo entero: “Recuperamos el Nieto 128”. Con el sobrio comunicado de este milagro sembrado aquí en la tierra, las Madres Abuelas conmemoraban sus 40 años de lucha ejemplar. Y lo hacían pariendo, porque eso son: parteras de la memoria.
El ser humano que ahora recupera su secuestrada identidad es Marcos, un tucumano hijo de Rosario del Carmen Ramos y de Ismael Saleiman, desaparecidos. Marcos tenía 5 meses de edad cuando fue secuestrado. Lo esperan dos hermanos, uno de ellos logró escapar de la familia apropiadora cuando tenía 7 años de edad. Estela Carlotto, en nombre de estas mujeres porfiadas y tenaces, dijo con sencillez: “Vamos quedando poquitas, pero la búsqueda seguirá con la ayuda de nuestros hijos y nietos recuperados. Quedan más de 300 por identificar.”
Cuando la realidad es tan oscura y reiterativa, debemos enarbolarnos desde el desánimo, y ser reiterativos, como con las canciones. Recupero palabras que me acompañan en estas columnas. Y pido que las señoras muy aseñoradas y los señores muy almidonados sepan disculpar, vamos a propagar otra “mejor noticia del año”. Estos días, en nuestra patria confundida y desmemoriada, ha nacido otro humano. A los 42 años de su edad. “42 años de amor no vivido” –dijo uno de sus hermanos.
Como siempre, la prodigiosa noticia del hallazgo aparece chiquita en la mayoría de los medios (¿para salvar las apariencias?) Pero siempre es “la mejor noticia del año”, aunque quieran traspapelarla en la inmundicia de la banalidad y de la güevada que nos envuelve y asfixia. El negacionismo recrudece.
Pregunta: si el humano recuperado hubiese sido un empresario o un rostro de la farándula, y si su secuestro hubiera durado 4 días en vez de 4 décadas, ¿qué repercusión hubiera tenido? Seguro que el aire radial, el tiempo televisivo y el centimil en los medios gráficos hubiera sido de miles de minutos; de miles de centímetros. En fin.
El caso es que el ser humano recuperado –insisto–, por un milagro sembrado aquí en la tierra, por fin sabe cómo se llama. Y puede abrazarse con sus hermanos. Por más que se las difame, las Madres Abuelas no bajan los brazos. Y esta semana otra vez le pusieron sol al turbio 2018.
A los violadores de las vidas y de las muertes, y a los simpatizantes de estos, la noticia del Nieto 128 les da en el medio del hígado. Lógico, la memoria alumbradora produce cólicos de conciencia. A propósito: no nos dejemos confundir por los aparentemente “conciliadores”: la memoria no es retroceso, la memoria semilla un futuro diferente.
Repitámoslo: cada aparición sucede, por así decir, después de un embarazo gestado en una búsqueda de décadas. Son estallidos de vida, partos conseguidos por la ciencia de la paciencia de las Madres Abuelas. La mayoría de ellas viven más allá de sus 90 años. ¿Por qué se quedan a vivir tanto tiempo?
Se quedan para buscar, hasta que encuentran. Estas parteras hacen la Vida sin arrojar una piedra, una bala. Y ahí, en cada parto, brota un relámpago de sol. ((Pero qué curioso, los y las que dicen estar “a favor de las dos vidas” practicaron su indiferencia activa…))
Al diablo con los hipócritas: propongo abrazar, ya, a esas madres que convierten al dolor y a la desesperación en militancia del pulso. Las acusaron de chifladas, las difaman, las arrojan a la hoguera de la indiferencia activa. Pero no pudieron y no podrán: las parteras encarnan la victoria siempre. Son un patrimonio admirado por el mundo entero.
Busco un hondo espejo, para mirarnos mejor. Acudo a una plegaria de intemperie, por las parteras de la memoria, y digo:
–Permiso, Memoria. Permiso, Conciencia: ¿Qué sería de nosotros si ellas, las Madres locas, no existieran?
¿Qué quedaría de nosotros si ellas no hubieran salido a alumbrar la más eterna de las noches? ¿Qué sería de nosotros? ¿Qué?
¿Estaríamos de pie o en cuatro patas? ¿Estaríamos?
Reconozcámoslo: sin ellas alumbrando, esta patria idolatrada hoy sería un  agujero con forma de mapa. Y de tanto tocar y tocar fondo, habríamos desfondado el abismo. Pero ellas nos enseñan a sembrar el abismo./ Y nos enseñan que la paciencia no es resignación./ Y nos enseñan el optimismo de la memoria, porque la memoria es el modo más porfiado de la esperanza.
¡Las madres que nos parieron! Celebremos la parición del Nieto 128. ¡Démonos fuerzas! En estos días no caigamos en la inmoral comodidad de la desesperanza. Eso sería traicionar a la Vida que nos parió. Vamos, no nos aflojemos. Que ya asoma el Nieto o la Nieta 129.
*  zbraceli@gmail.com   ===   www.rodolfobraceli.com.ar



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