Mendoza,

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Rodolfo Braceli

Bombas con madre. Qué lo parió

Reconozcamos: el Imperio Norteamericano –amo de este planeta, por el momento– más allá de sus genocidios preventivos, tiene corazón y síntomas de ternura. Obsérvese: a sus artefactos de exterminio y asesinación suele bautizarlos con nombres entrañables.

Corazón hediondo huye…

“Nunca dejaré de tener fe en la esperanza”. Eso me dijo, ya herido por la vejez, el hachero Valentín Céspedes. Landriscina me lo presentó en el año 1970 después de Cristo; estábamos en el hondo monte chaqueño.

Botellazo de madre

Pronto, busquemos un espejo para mirarnos. Y no le bajemos la mirada al hondo espejo. Reflexionemos sobre Malvinas, asumiendo que hacer memoria es imprescindible: Hagamos conciencia, para que no se vuelva a repetir.

Maestros por petróleo, sí sí

Presiento que ciertos lectores y lectoras, de arranque me van a decir: “A ver si la cortás con Fidel”. Les respondo invitándolos a considerar la más singular hazaña de Fidel. Hazaña que compartió –no os crispéis, por favor– con Hugo Chávez.

Globalización al espiedo

Veranos al espiedo. Veranos que, neoliberalismo mediante, supimos conseguir. Estamos sudando la gota gorda. No sólo el calor, encima la calor. El planeta está recaliente. Y no es para menos. Es para más.

Tejada Gómez, hoy nos diría…

Arriar la esperanza es de flojos, de cobardes. Es darle la razón a los voluntariosos buitres. Estoy pensando en nosotros, los que comemos sin angustias el pan de cada día; en nosotros, los alfabetizados, los que sí tenemos cable, techo y trabajo.

Jefe Indio ¡tener razón!

Nos distraen, ¿o nos hacemos los distraídos? El “nos” incluye al promedio de los ciudadanos bien comidos y bien alfabetizados de esta patria y del mundo entero.

Opinión

Violeta manda, ¡basta de luto!

Reitero: Augusto Pinochet el 5 de octubre pasado tuvo un merecido reconocimiento: la Cámara de Diputados de Chile, con el voto de 69 diputados a favor, 23 en contra y 6 abstenciones, fue declarado como el “más criminal” gobernante de ese país. (Que descanse ¿en paz?)

zbraceli@gmail.com

20 años con Soriano

Dos décadas de la muerte de Osvaldo Soriano. La frase recurrente de estos días es: “20 años sin Soriano”. Lo siento: ese título le hace el caldo gordo a la muerte. Yo prefiero titular “20 años con Soriano”. ¿Por qué? Porque sus libros siguen teniendo pulso. “Desgraciadamente” hoy siguen plenamente vigentes.